Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme un par de escenas que me sacaron de mis casillas, donde el protagonista, Braden, parece salido de la edad media. Y decidí que no tenía ganas de callarme más el tema, porque es algo bastante serio y que puede afectar de verdad a lectores jóvenes (entre los que me incluyo), que creen que es muy romántico que un chico te diga "Eres mía", y que las chicas digan "No" con la boca pequeña, esperando que él las aplaste entre sus brazos y las convenza a base de magreos de que en realidad quieren decir "Sí".
Supongo que no soy la única, pero estoy cansada. Acepto la posesividad en ciertas dosis, y puede llegar a parecerme romántico que una vez están en una relación, la pareja se haga comentarios con cierto tono posesivo, en el caso de que alguno de los dos sienta ciertos celos, etc, y siempre y cuando dicha posesividad no implique represión (por ejemplo, que él/ella diga que no le gusta que quede con otros chicos/as).
Es bastante frecuente en las novelas históricas ver tipos posesivos que se ponen en plan macho con "su mujer" (quiera ella una relación o no), que no quieren que nadie más la mire ni la toque. Puedo aceptarlo en ese entonces, porque al fin y al cabo hace 200 años la sociedad pensaba de manera diferente, y está justificado por la época que un hombre piense que una mujer es "suya". No deja de ser machista, pero resulta razonable dentro del contexto histórico, y no es tan fácil de extrapolar a la época actual.
No voy a entrar en análisis sobre las 50 sombras del señor Grey, porque entonces no acabaríamos jamás, y de ese tema se ha hablado mucho. Además, admítamoslo, Christian Grey es tan irreal que resulta casi imposible pensar en él como alguien a quien verías por la calle.Pero en un libro como Calle Dublín, con unos personajes bien perfilados y una protagonista como Joss, que es una mujer fuerte e independiente...ese comportamiento me chirría tanto que es que no puedo callarme. Braden puede ser muy mono, muy adorable y muy perfecto, pero ese rollo posesivo que se trae me da ganas de pegarle un puñetazo. Y os voy a enseñar por qué.
Aclaro que este no es el peor libro de la temática, es sólo la gota que ha colmado el vaso, y que no estoy criticando el libro en sí, sólo el comportamiento del personaje masculino en ciertas escenas.
Os pongo en contexto: Joss (ella, la narradora) y Braden (él) se conocen de hace unas dos o tres semanas, se han visto tres veces como mucho. Ella trabaja de camarera en un bar, y un amigo suyo un poco sobón (no voy a entrar en eso, aunque tiene tela) le da un beso porque Braden está mirando, para ver cómo reacciona. Dos minutos después, él la acorrala en la sala de personal y sucede lo siguiente.
[Joss]—¿Qué estás haciendo aquí?
No respondió y mis ojos volvieron a hacer lo mismo… perdiendo el control, recorriendo su cuerpo [...]Sentí ese apretón en lo más hondo de mi cuerpo y apreté la mandíbula. ¿Por qué tenía que calentarme tanto? No era justo.
—No me gusta compartir.
Mis ojos volaron a los suyos y, si era posible, él parecía más enfadado que nunca. En esa minúscula habitación, Braden era enorme e intimidante, y la comparación entre nuestros tamaños más notable. Podía aplastarme como un insecto si quería hacerlo.
—¿Qué?
—He dicho que no me gusta compartir.
—No es lo que he oído.
—Deja que lo reformule. —Dio un paso tranquilizador hacia mí—. Cuando se trata de ti… no me gusta compartir.
Atención al desarrollo de la escena. Jocelyn pasa de sentirse caliente en la contemplación de semejante ejemplar de hombre, a sentirse amenazada por su comportamiento. Amenazada. Que no es una broma, que tienes un tío cabreado, al que has visto tres veces, diciendo que no quiere "compartirte" porque ha visto cómo un chico te besaba (un chico que podría ser perfectamente tu novio, para lo que él sabe). Y a continuación de esta conversación tan civilizada, él pasa a echársele encima y ella, como el cúmulo de hormonas palpitantes que es, se lanza a sus brazos y no acaban teniendo sexo contra la pared porque les interrumpen.
Si ella fuera una cabeza de chorlito, vale, pero por favor, los primeros tres capítulos del libro nos han contado que arrastra un trauma emocional por la pérdida de su familia y que, después de tener muchas relaciones alocadas de joven, huye de los hombres como de la peste, y que jamás se liaría con cualquiera. Pero claro, es que él la pone "más caliente de lo que nadie la ha puesto nunca".
Situación nº2, después de que ella acepte tener sexo con él (aunque lleva un mes diciéndose a sí misma que no quiere complicaciones de ese tipo). Finalmente se acuestan, tienen un sexo alucinante (el mejor de su vida, me gustaría que alguien por favor me diga si este tipo de cosas existen), y dado que el acuerdo era tener sexo sin compromiso, ella espera que él se vaya cuando terminan. Pero, ¡sorpresa! El chico se atrinchera en su cama y la engancha para que duerma con él.
No parecía feliz.¡¿Y ya está?! ¿En serio? Desde que ha entrado por la puerta de tú casa (de alquiler y compartida, pero tuya al fin y al cabo), básicamente este tío ha hecho lo que le ha dado la gana. Joss no quiere tener nada que ver con él, pero al proponerle sólo sexo sin compromiso, acepta. Claro que no es exactamente sin compromiso, porque él es empresario y quiere que le acompañe a algunas fiestas.
—¿Vas a dormirte de una puta vez?
—No contigo en mi cama. Esto no formaba parte del trato.
—Uno: yo compré la cama. Dos: solo es dormir, Jocelyn.
—No. Eso es hacer cucharita. Has dicho solo sexo. No hacer cucharita. Follamos, lo pasamos bien y te vas a casa. Ese es el trato.
Me estudió con intensidad durante un momento y luego bajó la cabeza hasta que sus labios casi tocaron los míos.
—Follamos, lo pasamos bien y luego hacemos cucharita. No me voy a casa. No me voy a casa, porque a veces en plena noche me despierto y cuando me despierto quiero follar. Y por alguna razón desconcertante la persona con la que quiero follar eres tú. Ahora, solo voy a decirlo una vez más. Ven a dormir.
Me soltó solo para caer a mi lado y me apretó otra vez contra él. En cucharita. Apreté la mandíbula.
—¿Y si no quiero despertarme para que tú puedas pasarlo bien conmigo?
—¿Por que no te doy un adelanto de lo que quiero hacer contigo para despertarte?
[A continuación, interesante escena en que él le hace sexo oral, y ella queda extasiada.]
Lo había dejado claro. Mis miembros inútiles no protestaron al encontrarme otra vez en sus brazos.
Haciendo cucharita.
—Buenas noches, nena —atronó su voz en mi oído.
—Buenas noches —murmuré, cerrando los ojos.
Entonces las luces estaban apagadas.
Hasta ahí, bueno, pero de pronto tenemos una escena en que ella dice claramente que NO tres veces. Que NO quiere dormir con él, que NO quiere nada más que una relación sin compromisos, y que NO quiere estar disponible cuando al señor le dé la gana. Pero todo eso a él se la repanpinfla, porque "como sólo es dormir"...¿y qué? Si alguien te dice que no, es que no. Vale que intentes convencerla, engatusarla, decirle que no hay que hacer una montaña de un grano de arena, etc, pero lo que hace él es OBLIGARLA, agarrarla y decirle que se duerma de una vez. Y como ella no se calla, pues un poco de sexo, ya verás qué rápido cambia de idea. Y lo peor de todo es que, encima, le funciona. Así vamos.
Y aquí la tercera escena, la que terminó conmigo (siento que sea tan larga).
[Braden, hablando de la relación sin compromisos]—Nunca he hecho esto antes. Y apuesto a que tú tampoco. Así que toquemos de oído. Sin reglas. No hay ideas preconcebidas de cómo debería funcionar esto. Actuemos con naturalidad.En serio, basta ya. ¿Por qué, por qué es tan importante que él sea el primero en algo? Como ahora no está de moda que las chicas sean vírgenes a partir de los 20, pues parece ser que tienen que estar condenadas a una vida de sexo soso y aburrido hasta que encuentran a su macho, quien les dará el mejor sexo de su vida, en todas las posiciones imaginables, y dejará en ridículo a cuantos amantes haya habido antes de él. Eso sin mencionar que con esa frase ha quitado importancia al hecho de que él la haya intimidado, forzado y hecho sentir culpable.
—Te equivocas —murmuré—. He hecho esto antes.
Para mi sorpresa, observé que la expresión de Braden se endurecía al instante. El músculo de su mandíbula se tensó y me lanzó una mirada insondable. Sentía que estaba tratando de taladrarme, pero no podía apartar la mirada a pesar de lo incómoda que me sentía.
—Entonces, ¿cuándo has hecho esto antes?
—No es asunto tuyo.
—Joder, Jocelyn, ¿no puedes responder una pregunta personal?
Estallé de rabia. Lo sabía. Lo sabía de verdad.
—Se acabó, hemos terminado. Esto era un completo error. —Me moví para levantarme, pero me encontré bloqueada en el sofá, boca arriba y con Braden encima de mí. Lo miré con los ojos como platos—. ¡Eres un cavernícola!
—No hemos terminado. Casi ni hemos empezado.
Me retorcí debajo de él, pero eso solo concluyó con él apretando sus caderas con más fuerza en las mías, y eso solo condujo a que tuviera una erección, y eso solo condujo a que yo me ruborizara al notar que mojaba las bragas. Mierda.
—Braden, esto no va a funcionar. No soy tu novia. Dijiste que no te gustaba hablar de sentimientos.
[Siguiente escena de frotamientos, que él usa para convencerla. Aunque ella le pide que pare, él decide seguir restregándose, y ella, por supuesto, se excita con ello, y cede.]
—Somos amigos —susurró pegado a mi boca—. Los amigos pueden hacer preguntas. Dime ¿a quién dejaste que te follara?
—A bastantes tíos. No recuerdo la mayoría de los nombres.
—¿Qué coño significa eso?
Uf. ¿Estaba cabreado? Lo miré, subiendo las defensas.
—No tengo relaciones, Braden. Te lo dije. Pero me gusta el sexo y me gustaban las fiestas. El alcohol no es bueno para una relación de amor.
Se quedó en silencio un momento mientras lo procesaba. De hecho, estuvo tanto tiempo en silencio que supe lo que estaba pensando. Y me sentí mal e inútil. Lo empujé otra vez en el pecho.
[...]
—No me gusta compartir —murmuró.
Lo había dicho antes. Algo se retorció en mi pecho, una mezcla de exaltación e inquietud.
—Braden, no soy tuya.
Sus brazos se tensaron.
—Durante los próximos tres meses lo eres. Lo digo en serio, Jocelyn. Nadie más te va a tocar.
Mi cuerpo se olvidó por completo de mi mente cuando esta gritó «corre, corre, corre», y sentí que mis pechos se hinchaban y mis pezones se endurecían pese a ese grito de advertencia.
—Eran chicos, no hombres. Y solo para que lo sepas… nunca obtuvieron de mí lo que tú obtuviste anoche. Nunca lo obtuvieron, porque nunca me dieron lo que tú me diste. Ni de lejos. —Froté mis labios en los suyos y al levantar la mirada me encontré con sus ojos sonriéndome—. Ahí tienes, un poco más de aire para hinchar tu ego. —Mi mano se tensó en torno a su cuello—. Pero es la verdad.
Atención a la situación. Después de un largo historial de "novias", a nuestro protagonista le entra un cabreo mayúsculo porque su amiga con derechos ha estado con otros hombres antes que él. Y cuando se enfada porque no es algo que a él le incumba, su reacción es cogerla y atraparla bajo el sofá, utilizando de nuevo el sexo para conseguir que ella le responda. Y, después de que le diga que ha habido varios hombres antes que él, él se calla...y ella SE SIENTE CULPABLE. ¿Me podéis explicar por qué demonios debería sentirse culpable por hacer con su vida lo que le plazca? Igual se arrepiente de ello por las circunstancias, o lo que sea, pero, ¿CULPABLE? ¿Culpable por haber estado con otras personas antes de conocerle siquiera? No soy psicóloga, pero eso tiene pinta de ser algún tipo de trastorno dependiente.
Y esto, sólo analizando la parte más obvia, y dejando de lado el hecho de que ella parece aceptar cualquier cosa en cuanto la manosean un poco...porque si no quieres responder una pregunta personal y estás discutiendo con él, que él se ponga cachondo desde luego no debería ponerte cachonda a ti. Si yo discuto con mi chico, en lo último que pienso es en darme un revolcón, mucho menos si él está intimidándome para obligarme a responder.
Y para colmo (Situación nº4) cuando ya formalizan más o menos una relación, un día tienen una cita y ella se arregla, se pone un vestido y se deja el pelo suelto...cosa que, al parecer, le queda increíblemente genial, porque él le suelta que se recoja el pelo y que no quiere que nadie excepto él la vea así. Mira, sinceramente, a mí mi novio me suelta eso y le pongo fino. Es mi pelo, es mi cuerpo, y los llevo como me da la gana. Vale que no te guste que otros me vean desnuda, porque eso implica un grado de intimidad que sólo se da con ciertas personas...pero que tu chico te diga que no quiere que nadie te vea CON EL PELO SUELTO es un comportamiento medieval y controlador. Y, para colmo, ella acepta "a cambio de un favor que él le deberá". Vamos hombre.
Como ya he dicho, la posesividad masculina es un tema bastante recurrente en los libros de romántica. No era un tema al que le hubiera dado mucha importancia hasta que empecé a leer libros actuales, donde las protagonistas pueden ser perfectamente alguien a quien conoces, y aunque se tiende a exagerar a los chicos (ricos, guapos, perfectos...), muchos de ellos también pueden retratar a personas reales. Y me preocupa.
Me preocupa, y mucho, que leamos estos libros como si nada, y además nos parezca normal. Porque el problema de este libro no es que el chico sea posesivo, ni que luego cambie y se vuelva un hombre maravilloso, ni ninguna de las cosas bonitas y románticas que hace entremedias. El problema es que aunque la protagonista le llame bruto, neandertal y le diga que no le pertenece, en realidad le hace gracia. La hace sentirse querida, necesitada. Y ése es el peligro, porque convierte en románticas situaciones que son agresivas: que tu novio le pegue un puñetazo a un chico por besarte, que te diga que no quiere que los otros te vean con una minifalda, que te agarre contra la pared y te bese y manosee porque "sabe" que es lo que quieres. Y lo peor no es que los hombres lo hagan, sino que nosotras pensemos que DEBEN hacerlo para ser unos buenos novios, unos chicos como los de los libros.
Y quiero aclarar que me he centrado en la posesividad masculina porque, por desgracia, fue éste libro el que me hizo saltar, y la chica no es tan exageradamente posesiva como el chico. No quiere decir que la posesividad sólo sea cosa de hombres, ni obviamente que todos los hombres sean así. Que hay muchos más hombres que merecen la pena que los que no, pero lo que no puede ser es que nosotras empecemos a pensar que los comportamientos posesivos son deseables.
Y aunque sé que estaréis todos hartos del tema...¿qué os ha parecido? ¿Habéis leído otros libros donde los protagonistas tienen un carácter posesivo en exceso?



