martes, 17 de febrero de 2015

Discusión. La posesividad.


De este tema creo que se ha hablado ya mucho en otros blogs, y en realidad no había pensado hacer un debate al respecto. He leído muchos libros, sobre todo románticos, donde los protagonistas masculinos (y algunos femeninos, aunque normalmente de forma más suave) se comportan de forma extremadamente posesiva con sus parejas. Sin embargo, la otra tarde me puse a leer Calle Dublín, de Samantha Young, un libro del que había leído buenas críticas y que al empezarlo pintaba muy bien.


Cuál no sería mi sorpresa al encontrarme un par de escenas que me sacaron de mis casillas, donde el protagonista, Braden, parece salido de la edad media. Y decidí que no tenía ganas de callarme más el tema, porque es algo bastante serio y que puede afectar de verdad a lectores jóvenes (entre los que me incluyo), que creen que es muy romántico que un chico te diga "Eres mía", y que las chicas digan "No" con la boca pequeña, esperando que él las aplaste entre sus brazos y las convenza a base de magreos de que en realidad quieren decir "Sí".


Supongo que no soy la única, pero estoy cansada. Acepto la posesividad en ciertas dosis, y puede llegar a parecerme romántico que una vez están en una relación, la pareja se haga comentarios con cierto tono posesivo, en el caso de que alguno de los dos sienta ciertos celos, etc, y siempre y cuando dicha posesividad no implique represión (por ejemplo, que él/ella diga que no le gusta que quede con otros chicos/as).

Es bastante frecuente en las novelas históricas ver tipos posesivos que se ponen en plan macho con "su mujer" (quiera ella una relación o no), que no quieren que nadie más la mire ni la toque. Puedo aceptarlo en ese entonces, porque al fin y al cabo hace 200 años la sociedad pensaba de manera diferente, y está justificado por la época que un hombre piense que una mujer es "suya". No deja de ser machista, pero resulta razonable dentro del contexto histórico, y no es tan fácil de extrapolar a la época actual.


No voy a entrar en análisis sobre las 50 sombras del señor Grey, porque entonces no acabaríamos jamás, y de ese tema se ha hablado mucho. Además, admítamoslo, Christian Grey es tan irreal que resulta casi imposible pensar en él como alguien a quien verías por la calle.

Pero en un libro como Calle Dublín, con unos personajes bien perfilados y una protagonista como Joss, que es una mujer fuerte e independiente...ese comportamiento me chirría tanto que es que no puedo callarme. Braden puede ser muy mono, muy adorable y muy perfecto, pero ese rollo posesivo que se trae me da ganas de pegarle un puñetazo. Y os voy a enseñar por qué. 

Aclaro que este no es el peor libro de la temática, es sólo la gota que ha colmado el vaso, y que no estoy criticando el libro en sí, sólo el comportamiento del personaje masculino en ciertas escenas.

Os pongo en contexto: Joss (ella, la narradora) y Braden (él) se conocen de hace unas dos o tres semanas, se han visto tres veces como mucho. Ella trabaja de camarera en un bar, y un amigo suyo un poco sobón (no voy a entrar en eso, aunque tiene tela) le da un beso porque Braden está mirando, para ver cómo reacciona. Dos minutos después, él la acorrala en la sala de personal y sucede lo siguiente.
[Joss]—¿Qué estás haciendo aquí?
 No respondió y mis ojos volvieron a hacer lo mismo… perdiendo el control, recorriendo su cuerpo [...]
Sentí ese apretón en lo más hondo de mi cuerpo y apreté la mandíbula. ¿Por qué tenía que calentarme tanto? No era justo.
—No me gusta compartir.
Mis ojos volaron a los suyos y, si era posible, él parecía más enfadado que nunca. En esa minúscula habitación, Braden era enorme e intimidante, y la comparación entre nuestros tamaños más notable. Podía aplastarme como un insecto si quería hacerlo.
—¿Qué?

—He dicho que no me gusta compartir.
—No es lo que he oído.
—Deja que lo reformule. —Dio un paso tranquilizador hacia mí—. Cuando se trata de ti… no me gusta compartir. 
Atención al desarrollo de la escena. Jocelyn pasa de sentirse caliente en la contemplación de semejante ejemplar de hombre, a sentirse amenazada por su comportamiento. Amenazada. Que no es una broma, que tienes un tío cabreado, al que has visto tres veces, diciendo que no quiere "compartirte" porque ha visto cómo un chico te besaba (un chico que podría ser perfectamente tu novio, para lo que él sabe). Y a continuación de esta conversación tan civilizada, él pasa a echársele encima y ella, como el cúmulo de hormonas palpitantes que es, se lanza a sus brazos y no acaban teniendo sexo contra la pared porque les interrumpen.

Si ella fuera una cabeza de chorlito, vale, pero por favor, los primeros tres capítulos del libro nos han contado que arrastra un trauma emocional por la pérdida de su familia y que, después de tener muchas relaciones alocadas de joven, huye de los hombres como de la peste, y que jamás se liaría con cualquiera. Pero claro, es que él la pone "más caliente de lo que nadie la ha puesto nunca".


Situación nº2, después de que ella acepte tener sexo con él (aunque lleva un mes diciéndose a sí misma que no quiere complicaciones de ese tipo). Finalmente se acuestan, tienen un sexo alucinante (el mejor de su vida, me gustaría que alguien por favor me diga si este tipo de cosas existen), y dado que el acuerdo era tener sexo sin compromiso, ella espera que él se vaya cuando terminan. Pero, ¡sorpresa! El chico se atrinchera en su cama y la engancha para que duerma con él.
No parecía feliz.
—¿Vas a dormirte de una puta vez?
—No contigo en mi cama. Esto no formaba parte del trato.
—Uno: yo compré la cama. Dos: solo es dormir, Jocelyn.
—No. Eso es hacer cucharita. Has dicho solo sexo. No hacer cucharita. Follamos, lo pasamos bien y te vas a casa. Ese es el trato.
Me estudió con intensidad durante un momento y luego bajó la cabeza hasta que sus labios casi tocaron los míos.
—Follamos, lo pasamos bien y luego hacemos cucharita. No me voy a casa. No me voy a casa, porque a veces en plena noche me despierto y cuando me despierto quiero follar. Y por alguna razón desconcertante la persona con la que quiero follar eres tú. Ahora, solo voy a decirlo una vez más. Ven a dormir.
Me soltó solo para caer a mi lado y me apretó otra vez contra él. En cucharita. Apreté la mandíbula.
—¿Y si no quiero despertarme para que tú puedas pasarlo bien conmigo?
—¿Por que no te doy un adelanto de lo que quiero hacer contigo para despertarte?
[A continuación, interesante escena en que él le hace sexo oral, y ella queda extasiada.]
Lo había dejado claro. Mis miembros inútiles no protestaron al encontrarme otra vez en sus brazos.
Haciendo cucharita.
—Buenas noches, nena —atronó su voz en mi oído.
—Buenas noches —murmuré, cerrando los ojos.
Entonces las luces estaban apagadas.
 ¡¿Y ya está?! ¿En serio? Desde que ha entrado por la puerta de tú casa (de alquiler y compartida, pero tuya al fin y al cabo), básicamente este tío ha hecho lo que le ha dado la gana. Joss no quiere tener nada que ver con él, pero al proponerle sólo sexo sin compromiso, acepta. Claro que no es exactamente sin compromiso, porque él es empresario y quiere que le acompañe a algunas fiestas.

Hasta ahí, bueno, pero de pronto tenemos una escena en que ella dice claramente que NO tres veces. Que NO quiere dormir con él, que NO quiere nada más que una relación sin compromisos, y que NO quiere estar disponible cuando al señor le dé la gana. Pero todo eso a él se la repanpinfla, porque "como sólo es dormir"...¿y qué? Si alguien te dice que no, es que no. Vale que intentes convencerla, engatusarla, decirle que no hay que hacer una montaña de un grano de arena, etc, pero lo que hace él es OBLIGARLA, agarrarla y decirle que se duerma de una vez. Y como ella no se calla, pues un poco de sexo, ya verás qué rápido cambia de idea. Y lo peor de todo es que, encima, le funciona. Así vamos.

Y aquí la tercera escena, la que terminó conmigo (siento que sea tan larga). 
[Braden, hablando de la relación sin compromisos]—Nunca he hecho esto antes. Y apuesto a que tú tampoco. Así que toquemos de oído. Sin reglas. No hay ideas preconcebidas de cómo debería funcionar esto. Actuemos con naturalidad.
—Te equivocas —murmuré—. He hecho esto antes.
Para mi sorpresa, observé que la expresión de Braden se endurecía al instante. El músculo de su mandíbula se tensó y me lanzó una mirada insondable. Sentía que estaba tratando de taladrarme, pero no podía apartar la mirada a pesar de lo incómoda que me sentía.
—Entonces, ¿cuándo has hecho esto antes?
—No es asunto tuyo.
—Joder, Jocelyn, ¿no puedes responder una pregunta personal?
Estallé de rabia. Lo sabía. Lo sabía de verdad.
—Se acabó, hemos terminado. Esto era un completo error. —Me moví para levantarme, pero me encontré bloqueada en el sofá, boca arriba y con Braden encima de mí. Lo miré con los ojos como platos—. ¡Eres un cavernícola!
—No hemos terminado. Casi ni hemos empezado.
Me retorcí debajo de él, pero eso solo concluyó con él apretando sus caderas con más fuerza en las mías, y eso solo condujo a que tuviera una erección, y eso solo condujo a que yo me ruborizara al notar que mojaba las bragas. Mierda.
—Braden, esto no va a funcionar. No soy tu novia. Dijiste que no te gustaba hablar de sentimientos.
[Siguiente escena de frotamientos, que él usa para convencerla. Aunque ella le pide que pare, él decide seguir restregándose, y ella, por supuesto, se excita con ello, y cede.]
—Somos amigos —susurró pegado a mi boca—. Los amigos pueden hacer preguntas. Dime ¿a quién dejaste que te follara?
—A bastantes tíos. No recuerdo la mayoría de los nombres.
—¿Qué coño significa eso?
Uf. ¿Estaba cabreado? Lo miré, subiendo las defensas.
—No tengo relaciones, Braden. Te lo dije. Pero me gusta el sexo y me gustaban las fiestas. El alcohol no es bueno para una relación de amor.
Se quedó en silencio un momento mientras lo procesaba. De hecho, estuvo tanto tiempo en silencio que supe lo que estaba pensando. Y me sentí mal e inútil. Lo empujé otra vez en el pecho.
[...]
—No me gusta compartir —murmuró.
Lo había dicho antes. Algo se retorció en mi pecho, una mezcla de exaltación e inquietud.
—Braden, no soy tuya.
Sus brazos se tensaron.
—Durante los próximos tres meses lo eres. Lo digo en serio, Jocelyn. Nadie más te va a tocar.
Mi cuerpo se olvidó por completo de mi mente cuando esta gritó «corre, corre, corre», y sentí que mis pechos se hinchaban y mis pezones se endurecían pese a ese grito de advertencia.
—Eran chicos, no hombres. Y solo para que lo sepas… nunca obtuvieron de mí lo que tú obtuviste anoche. Nunca lo obtuvieron, porque nunca me dieron lo que tú me diste. Ni de lejos. —Froté mis labios en los suyos y al levantar la mirada me encontré con sus ojos sonriéndome—. Ahí tienes, un poco más de aire para hinchar tu ego. —Mi mano se tensó en torno a su cuello—. Pero es la verdad.
En serio, basta ya. ¿Por qué, por qué es tan importante que él sea el primero en algo? Como ahora no está de moda que las chicas sean vírgenes a partir de los 20, pues parece ser que tienen que estar condenadas a una vida de sexo soso y aburrido hasta que encuentran a su macho, quien les dará el mejor sexo de su vida, en todas las posiciones imaginables, y dejará en ridículo a cuantos amantes haya habido antes de él. Eso sin mencionar que con esa frase ha quitado importancia al hecho de que él la haya intimidado, forzado y hecho sentir culpable.

Atención a la situación. Después de un largo historial de "novias", a nuestro protagonista le entra un cabreo mayúsculo porque su amiga con derechos ha estado con otros hombres antes que él. Y cuando se enfada porque no es algo que a él le incumba, su reacción es cogerla y atraparla bajo el sofá, utilizando de nuevo el sexo para conseguir que ella le responda. Y, después de que le diga que ha habido varios hombres antes que él, él se calla...y ella SE SIENTE CULPABLE. ¿Me podéis explicar por qué demonios debería sentirse culpable por hacer con su vida lo que le plazca? Igual se arrepiente de ello por las circunstancias, o lo que sea, pero, ¿CULPABLE? ¿Culpable por haber estado con otras personas antes de conocerle siquiera? No soy psicóloga, pero eso tiene pinta de ser algún tipo de trastorno dependiente.

Y esto, sólo analizando la parte más obvia, y dejando de lado el hecho de que ella parece aceptar cualquier cosa en cuanto la manosean un poco...porque si no quieres responder una pregunta personal y estás discutiendo con él, que él se ponga cachondo desde luego no debería ponerte cachonda a ti. Si yo discuto con mi chico, en lo último que pienso es en darme un revolcón, mucho menos si él está intimidándome para obligarme a responder.

Y para colmo (Situación nº4) cuando ya formalizan más o menos una relación, un día tienen una cita y ella se arregla, se pone un vestido y se deja el pelo suelto...cosa que, al parecer, le queda increíblemente genial, porque él le suelta que se recoja el pelo y que no quiere que nadie excepto él la vea así. Mira, sinceramente, a mí mi novio me suelta eso y le pongo fino. Es mi pelo, es mi cuerpo, y los llevo como me da la gana. Vale que no te guste que otros me vean desnuda, porque eso implica un grado de intimidad que sólo se da con ciertas personas...pero que tu chico te diga que no quiere que nadie te vea CON EL PELO SUELTO es un comportamiento medieval y controlador. Y, para colmo, ella acepta "a cambio de un favor que él le deberá". Vamos hombre.

Como ya he dicho, la posesividad masculina es un tema bastante recurrente en los libros de romántica. No era un tema al que le hubiera dado mucha importancia hasta que empecé a leer libros actuales, donde las protagonistas pueden ser perfectamente alguien a quien conoces, y aunque se tiende a exagerar a los chicos (ricos, guapos, perfectos...), muchos de ellos también pueden retratar a personas reales. Y me preocupa.

Me preocupa, y mucho, que leamos estos libros como si nada, y además nos parezca normal. Porque el problema de este libro no es que el chico sea posesivo, ni que luego cambie y se vuelva un hombre maravilloso, ni ninguna de las cosas bonitas y románticas que hace entremedias. El problema es que aunque la protagonista le llame bruto, neandertal y le diga que no le pertenece, en realidad le hace gracia. La hace sentirse querida, necesitada. Y ése es el peligro, porque convierte en románticas situaciones que son agresivas: que tu novio le pegue un puñetazo a un chico por besarte, que te diga que no quiere que los otros te vean con una minifalda, que te agarre contra la pared y te bese y manosee porque "sabe" que es lo que quieres. Y lo peor no es que los hombres lo hagan, sino que nosotras pensemos que DEBEN hacerlo para ser unos buenos novios, unos chicos como los de los libros.

Y quiero aclarar que me he centrado en la posesividad masculina porque, por desgracia, fue éste libro el que me hizo saltar, y la chica no es tan exageradamente posesiva como el chico. No quiere decir que la posesividad sólo sea cosa de hombres, ni obviamente que todos los hombres sean así. Que hay muchos más hombres que merecen la pena que los que no, pero lo que no puede ser es que nosotras empecemos a pensar que los comportamientos posesivos son deseables.

Y aunque sé que estaréis todos hartos del tema...¿qué os ha parecido? ¿Habéis leído otros libros donde los protagonistas tienen un carácter posesivo en exceso?

miércoles, 11 de febrero de 2015

Perfect book #2

¡Buenos días! ¿Echabais de menos esta sección tanto como yo? ¡Dos semanas son demasiadas! Pero por fin estamos aquí con la segunda pregunta que nos ayudará a definir nuestro Perfect book, de manos de las chicas de Estantería Compartida.

¿No sabéis lo que es? ¡Pinchad Aquí y enteraos!

2º Pregunta - ¿En que época quieres que se desarrolle?
  • Presente
  • Pasado
    - Medieval / Épico
    - Época
    - Regencia
    - Años 20
  • Futuro
    - Futuro Tecnólogico
    - Futuro Distópico
    - Posapocaliptico
  • Otra opción que se te ocurra


Mi respuesta: Os juro que eso de "Otra opción" sigue tentándome muchísimo, pero he decidido ser una persona sensata y coherente con mi personaje. Para los que no os acordéis, mi protagonista va a ser un espíritu (no un muerto ni un fantasma, no, un espíritu). En teoría eso no me restringe la ambientación, pero la verdad es que elegir un pasado realista como la edad media me resultaría forzado. Podría decidirme por un mundo diferente (y sin época), pero sería coger la opción más fácil dado mi personaje.

Me prometí a mí misma que este reto iba a ser un experimento (a ver hasta qué punto puedo manejarme con mis ficciones), así que finalmente me he decidido por el Futuro. Y como no me convencen ni las distopías ni el apocalipsis, y no tengo claro cómo sería un futuro tecnológico, pues me quedo con un Futuro Utópico. Nada de muertes, dictaduras ni supervivencias forzosas. El ser humano consigue vivir. El ser humano consigue salvar el planeta -y a sí mismo, que la verdad parece todavía más difícil-. Naturaleza y tecnología dejan de ser enemigas para hacer del mundo el lugar más maravilloso que pueda existir, donde no hay guerras, odio ni hambre. Un mundo donde todo es posible, y la única lucha es para encontrar la felicidad.

martes, 10 de febrero de 2015

El ladrón. Cap 2. II [Historias con Limón]


Capítulo 1. Cosas de brujas >I< >II< >III<
Capítulo 2. Enlazados >I<




La bruja le miró, y él vio el desconcierto en sus ojos. Pasó la vista de su taza de café, que aún sostenía en las manos, a él. Lo último de lo que Chess fue consciente fue de que ella había relacionado los hechos –el café drogado que había bebido con el hecho de que él estuviese perdiendo la conciencia-, pero a continuación se sintió caer, y caer, y la negrura le recibió al fondo.


Sentada en su silla, con el ladrón desplomado sobre la mesa, Nana no daba crédito a sus ojos. Eso, por bajar la guardia, se dijo. Claro que no había esperado que él fuera a dar el paso tan pronto. Desde luego, no cuando apenas había pasado media hora desde que había dejado salir su poder como un vendaval para hechizarle.

Se sentía a partes iguales eufórica e irritada. El hechizo había funcionado mil veces mejor de lo esperado, la verdad, porque estaba claro que la droga estaba en el café de ella. Iba a tener que decirle unas palabras a la encantadora señorita que les había servido, con la que estaba claro que el ladrón estaba compinchado. ¿Cómo se le ocurría? ¿Es que se pensaba que podía drogarla y escapar de ella de una pieza? ¿Quién se había creído que era?

Con una paciencia infinita y algo intimidante, Nana se levantó de su asiento y taconeó con fuerza hasta el mostrador. Recurrió a su mejor sonrisa alegre para decirle a la camarera que iba a necesitar otro café. Uno sin somníferos, por favor. La chica tragó saliva de forma audible, y echó un vistazo rápido a su mesa antes de servirla.

Paciencia, se dijo Nana mientras se sentaba de nuevo, aunque no pudo evitar que sus uñas repiqueteasen sobre la mesa. Se preguntaba cuánto tiempo iba a necesitar el ladrón para volver en sí. Tal vez podría haberle ayudado, una pequeña descarga de poder para liberar su cuerpo de los efectos del somnífero, pero estaba bajo mínimos. No se había dado cuenta de que se estaba empleando demasiado en el hechizo de enlace, y ahora su poder era equiparable al de un ratón, y necesitaría unos cuantos días y bastante azúcar para volver a estar en forma.

El ladrón sólo necesitó ocho minutos y diecisiete segundos para empezar a recobrarse. Muy a su pesar, Nana se sintió impresionada por la rapidez con la que el hombre se despejó: sólo necesitó un parpadeo y una sacudida de la cabeza para ponerse en situación. Y había que apreciar la franqueza de su mirada, por muy cabreada que ella estuviera.

—Bueno, no puedes reprocharme que lo intentara, encanto —fueron sus primeras palabras.

—Será mejor que aclaremos algo ahora, Chess. —Tenía que resolver aquello ya, se dijo, o pasaría el día vigilándole con mil ojos. Incluso recurrió a su mejor sonrisa, para que él no pensase que le amenazaba. —Verás, por si no lo has notado, soy una bruja.

—Interesante observación.

—Y, aunque no parece que lo sepas, hacer un juramento a una bruja puede ser vinculante —añadió, sonriendo con dulzura. Había que reconocer que era difícil ponerle nervioso, al menos, porque estaba recostado contra su asiento como si no hablasen de nada más trascendental que el tiempo.

—Sí, empiezo a darme cuenta.

—Sólo para que quede claro. No puedes herirme, drogarme o engañarme. Cualquier cosa que me hagas se volverá en tu contra, como este truquito tuyo de los somníferos. Si pretendes engañarme, lo sabré. Si intentas clavarme un cuchillo por la espalda…bueno, yo que tú no lo intentaría. ¿Ha quedado claro?

—Como el agua. Soy un ladrón, mi querida Nana. Tenía que probar.

—Estás avisado.

Por toda respuesta, él le devolvió una sonrisa y dejó un billete sobre la mesa. No parecía impresionado. Ni alterado. A decir verdad, no parecía que aquella revelación o su pequeña siesta le hubiesen afectado lo más mínimo, porque sonreía exactamente igual que lo había hecho mientras desayunaba.

La bruja no conocía de nada a Chess. No podía saber que era un tipo perseverante. Que lo de rendirse no iba con él. Y que no tenía inconveniente en probar un centenar de formas de librarse de ella hasta dar con la correcta. En el tiempo que le llevó sacar el dinero y dejarlo sobre la mesa, el ladrón calculó las probabilidades de éxito que tenía emprender otro intento tan pronto.

Por un lado, ella no se lo esperaría, como no se había esperado lo del somnífero –ya había que ser ingenua, desde luego-. Por otro…bueno, ya la había visto enfadada. No era una experiencia que quisiera repetir si podía evitarlo, y estaba bastante seguro de que ella estaba al límite de su paciencia, si es que no la había rebasado ya.

Barajó las dos opciones en los segundos que le llevó cruzar la estancia hasta la puerta. La abrió de par en par, y en el último instante se decidió a dejarla salir primero. Le seguiría un poco el juego, se dijo. La brujita no iba a poder estar pegada a sus talones todo el tiempo, por lo que sería bastante sencillo librarse de ella esa misma noche o al día siguiente.

—Y bien, ladrón con recursos. ¿Ahora qué? Aún estoy esperando que me digas a quién vendiste mi bola.

Ah, sí, estaba muy cabreada. Chess tuvo que recurrir a su mejor sonrisa para aplacar los ánimos, y ni aun así estaba muy seguro de conseguir algo. La maldita mujer era como una bomba de relojería, dispuesta a estallar a la más mínima e inocente provocación.

—Bueno, tendremos que ir a hacer preguntas.

—Preguntas. Maravilloso.

—Conozco a un par de tipos en los bajos fondos. Tal vez sepan quién estaría interesado en comprar una bola de cristal.

—Y tal vez tú deberías empezar a pensar en no hacer negocios con desconocidos.

—Sí, señora.

∞·∞

Los tipos de los bajos fondos no parecían en absoluto barriobajeros. Nana se había preguntado si el ladrón no estaba intentando librarse de ella a fuerza de darle decepciones, pero no pensaba despegarse de él tan fácilmente. El primer sitio al que la llevó estaba cerrado a cal y canto, y en la desgastada puerta de entrada se leía “Reparación de aparatos electrónicos”.

El segundo local era una librería, y Nana no entendió absolutamente nada de lo que Chess le dijo a la chica que había tras el mostrador, que acabó echándoles con cajas destempladas. Habría podido intentar un sencillo hechizo de traducción, pero sus fuerzas estaban en las últimas, y cualquier esfuerzo extra podía dejarla inconsciente durante algunas horas. Tendría que fiarse del ladrón, aunque era algo que jamás habría hecho de no ser por el hechizo de enlace que hacía que él no pudiese engañarla, abandonarla o incapacitarla de ninguna manera.

Les costó dos horas, recorrer la mitad de París y cinco intentos infructuosos en tiendas de toda índole hasta que al fin Chess anunció que tenía algo. No era mucho, le dijo a Nana, quien quiso estrangularlo por no contarle de inmediato qué sabía de su bola, pero al menos tenían por dónde empezar.

Y, al parecer, tenían que empezar por un café bien cargado y una llamada de teléfono. No entender nada estaba empezando a poner a Nana muy nerviosa, y cuando el ladrón por fin colgó el teléfono ella le esperaba a dos pasos de distancia, con los brazos cruzados sobre el pecho y el ceño fruncido.

—¿Y bien?

—Relájate, mi querida Nana, vamos por buen camino.

—Para lo que yo sé de ese camino, puedes estar mintiéndome descaradamente —eso no era exactamente cierto, pero él no tenía por qué saber que olería sus mentiras. —¿Qué es lo que has averiguado?

—Vamos a sentarnos y te lo contaré.


Blue

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