miércoles, 17 de diciembre de 2014

El ladrón. Cap 1. I [Historias con Limón]


1

Cosas de brujas

El ladrón vivía con pocos lujos y menos comodidades. Aquella semana se había instalado en un ático en Boston, y estaba tumbado sobre un pequeño sofá, con el cuello apoyado en un brazo y las piernas colgando del otro. Movía los pies ligeramente, como si su cuerpo tocase una canción, y tenía los ojos cerrados y las manos cruzadas bajo la nuca.
Tenía los labios finos y una sonrisa perpetua, y hasta sus pestañas eran rubias. Incuso tumbado tenía un cierto aire travieso, como si todo a su alrededor fuera una broma. No era especialmente joven y tampoco lo parecía a pesar de su aura de bromista. Era delgado, atlético y alto.
Y muy, muy rápido.
Tanto que cuando el pequeño proyectil impactó contra el brazo del sofá, en el lugar exacto en que había estado su cabeza, el ladrón ya hacía casi un segundo entero que había saltado hacia atrás. Sus ojos parecían reírse en la penumbra del cuarto, aunque no podía ver a su asaltante.
Esquivó otra bala con un movimiento fluido, y una tercera girando sobre sí mismo. El último paso le dejó cerca del balcón abierto de par en par, y se refugió en la oscuridad aun sabiendo que su perseguidor tenía que estarle viendo para poder atacar con esa precisión.
—Bueno, bueno, así que los rumores no mienten. Eres un tipo rápido.
La voz salía del mismo lugar que las balas, y el ladrón pudo ver apenas en la penumbra la silueta de un hombre –un hombre alto, fornido, con sombrero y gabardina- y el perfil metálico de la pistola con silenciador en su mano.
—No, parece que no. Los asesinos seguís siendo gente de lo más cobarde. —El ladrón incluso se permitió la licencia de fruncir el ceño, decepcionado.
—No te hagas el gracioso, Chess. No puedes esquivar balas para siempre. —Y como para demostrarlo, la pistola escupió en silencio un nuevo proyectil, que abrió un agujero en la pared a tres centímetros de la mejilla del ladrón. —¿Unas últimas palabras?
Por toda respuesta, Chess sonrió. Su sonrisa se grabó en la oscuridad, y el asesino maldijo y disparó el resto del cargador en una trayectoria hacia la ventana. Vio al ladrón dar un paso, contorsionar el cuerpo y arrojarse de espaldas por el hueco, salvando la barandilla del balcón en un único movimiento.
Supo que había fallado antes de asomarse y no distinguir nada más allá de la luz de las farolas muy abajo y la negrura de la noche a su alrededor, y maldijo porque no esperaba tener que localizar de nuevo a su presa -mucho menos habiéndola puesto sobre aviso-.

∞·∞

Llevaba las uñas pintadas de rojo, y sonaban contra el mostrador al mismo ritmo con que la puntera de sus botas de cuero golpeaban el suelo. Se había esforzado mucho en sonreír, pero al final la impaciencia tenía que aparecer en alguna parte.
Excusez-moi, madame McKenzie. Todo está en orden.
—Muchas gracias.
—Bienvenida a París.
Se alejó del mostrador arrastrando la maleta. Había elegido el peor momento para una visita a la ciudad del amor. Fuera del aeropuerto hacía frío, y la lluvia daba un aire triste al lugar. La mayoría de los taxis había desaparecido ya con el resto de pasajeros, así que tuvo que esperar hasta poder acomodar su maleta y a sí misma en un coche.
La impaciencia siempre había sido uno de sus puntos débiles, pero en este caso la consideraba completamente justificada. Tenía los rasgos del ladrón grabados a fuego en la memoria, y sólo gracias a eso había podido empezar la persecución.
Era bueno. Jamás lo reconocería en voz alta, claro, pero el chaval –se negaba a pensar en él en otros términos- había conseguido colarse en su casa, lo cual requería una cierta habilidad. Aún tenía pendiente averiguar cómo había saltado desde un ático sin abrirse la cabeza, pero en realidad eso no importaba.
Lo único que importaba era que ese desgraciado tenía su bola, su perfecta y preciosa bola de cristal. La que había tenido consigo desde que era una niña, y que era totalmente irreemplazable porque cada bruja ligaba su poder a una única bola.
Iba a matarle. A convertirle en un sapo verrugoso y encerrarle en un terrario, pero antes ese malnacido iba a decirle porqué, por qué había pensado que podía robar a una bruja y marcharse de rositas. Le había costado ocho días de esfuerzo y siete noches sin dormir, porque encontrar a alguien sin tener nada suyo ni saber nada de él había sido una tarea casi imposible, y porque el ladrón se había movido por medio mundo mientras ella le buscaba.
Pero al fin se había detenido allí, en París. A Nana le había llevado exactamente tres minutos y quince segundos reservar el primer vuelo para Francia, a expensas de una merma considerable en sus ahorros. Había pasado ocho horas de viaje recreándose en variopintas venganzas, pero aún no tenía claro por cuál de ellas se decantaría. Inspiración del momento, probablemente. Tal vez se limitase a freírle con un rayo.
Ni siquiera le echó una ojeada a la habitación de su hotel, emplazado en el centro de la ciudad, y bastante más barato de lo esperado gracias a la época del año. Ni siquiera deshizo la maleta, se limitó a sacar sus piedras, un cuenco y otras sustancias difíciles de describir, y comprobar que el ladrón seguía en el mismo lugar en que le había visto hacía menos de doce horas.
La superficie plana del agua en el cuenco se arremolinó, y como en una grabación la imagen se acercó por una calle diminuta hasta un portal, y subió tres tramos de escaleras maltrechas hasta el último piso. La vez anterior había habido actividad en el diminuto cuarto, pero a esas horas de la madrugada el ladrón era una figura imprecisa desmadejada sobre el suelo y con una manta encima.
Nana maldijo los segundos que le llevó recoger lo que había sacado y equiparse con otro tipo de objetos –en su mayoría inofensivos, pero que la ayudaban a centrarse y canalizar su magia con mayor rapidez y precisión-. Salió dando un portazo y, ya en la calle, se subió al primer taxi que encontró, aunque más tarde se lamentaría por el enorme gasto de dinero que estaba haciendo en aquel viaje.

Blue

5 comentarios:

  1. Respuestas
    1. ¡Muchas gracias, me alegro mucho! ^^ Saludos!

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  2. ¡Hola guapa!
    Veo que te gustó el título que te sugerí :) Me alegra mucho que te gustase ^^
    Me ha gustado mucho este primer capítulo y espero poder leer más, estaré pendiente jijijiji (me has dejado con la miel en la boca :D)
    Besos ♥
    ~Yvaine

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    Respuestas
    1. ¡A mi también me ha encantado!
      Espero que pronto subas el segundo capítulo ^^
      Besitos ♥
      -Freyja

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    2. ¡Hola!

      Yvaine: me gustó mucho tu idea, sí ^^ La verdad es que le va bien al blog y es bastante más original, ¡así que gracias!

      Me alegro mucho de que os haya gustado tanto, ¡espero que siga así! ^^ Siento mucho haber estado tan inactiva estos días, que no me he pasado por ningún blog (ni siquiera por el mío); espero poder volver a mi ritmo normal dentro de poco.

      Saludos!! ^^

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